Nota: Esta traducción libre se hace sin fines de lucro.
Me Rehúso a Elegir
Por: Barbara Sher
Trad.: Delia C. Salazar
Me Rehúso a Elegir
Un programa revolucionario para hacer TODO lo que amas.
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Copyright: 2006,
Bárbara Sher
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escrito de la casa editorial.
ISBN:
978-1-59486-303-5
1.
Auto-actualización (Psicología) 2. Toma de
decisiones (Psicología) 3. Metas (Psicología)
A mi nieto Leo
Explorador, Amoroso,
Aprendiz, Maestro, Guasón.
Desearía tan solo que alguien me zarandeara y me dijera
exactamente qué hacer con mi vida. Detesto emocionarme por algo para que
después algún amigo bienintencionado traiga a mi memoria todas aquellas cosas
que he intentado, y fallado en el intento. ¿Utilizaré algún día todas aquellas
cosas que están dentro de mí? ¿Sabrá alguien que estuve viva alguna vez?
Charlotte, una Scanner
A través del mundo entero se extiende un largo lamento del
corazón del artista: ¡Sólo dame la oportunidad de hacer lo mejor que pueda!
Isak Dinesen
Contenido:
Agradecimientos
¿Eres un Scanner?
Prólogo
Parte Uno
¿Qué es un Scanner?
¿Eres uno de ellos?
Capítulo 1: Todo sobre los Scanners
Capítulo 2: ¿Hay algo malo conmigo?
Capítulo 3: Pánico de Scanner
Capítulo 4: Fobia al compromiso
Capítulo 5: Demasiado ocupada para hacer lo que amo
Capítulo 6: No puedo hacer NADA, a menos que pueda hacerlo
TODO
Capítulo 7: No puedo comenzar
Capítulo 8: Nunca termino nada
Parte Dos
¿Qué tipo de Scanner
eres?
Capítulo 9: Sobre los Scanners
Cíclicos
Capítulo 10: ¿Eres un Doble Agente?
Capítulo 11: ¿Eres una Sibila?
Capítulo 12: ¿Eres una Malabarista?
Capítulo 13: ¿Eres un Scanner
Secuencial?
Capítulo 14: ¿Eres una Especialista en Serie?
Capítulo 15: ¿Eres una Experta en Serie?
Capítulo 16: ¿Eres una ‘Buena-para-Todo?
Capítulo 17: ¿Eres una Peregrina?
Capítulo 18: ¿Eres una Tanteadora?
Capítulo 19: ¿Eres una Indecisa de Alta Velocidad?
Epílogo: Tu mejor trabajo
Apéndice A: ¿Cómo se gana la vida un Scanner?
Apéndice B: Herramientas para Scanners
Agradecimientos
Muchas gracias a mi equipo de casa: Mathew Pearl, mi editor
principal, quien es paciente, minucioso e inteligente, y me ayuda siempre a
decir lo que quiero decir (y permite que lo entreviste, porque es un gran Scanner también), también a Andrea Reese
(otra increíble Scanner) quien no
sólo se encarga de todos mis otros trabajos, sino que lee los borradores y
capta los elusivos errores que nadie más pudo ver. Andrea también es mi
autoridad residente en esta materia por dos razones: primero, porque es una
líder de Equipos de Éxito de primera categoría que ha trabajado con docenas de Scanners, y segundo, porque su padre es
un afamado Buzo y su madre la Scanner
más grandiosa que jamás he conocido. Siempre imagino ese hogar con una sonrisa
en mi rostro. (Puedes leer más sobre estas personas en mi cartelera de
actualidades en www.barbarasher.com.)
Muchas gracias a los muy útiles, trabajadores editores de
Rodale, quienes demostraron indecible gracia trabajando bajo presión. Y siempre,
un agradecimiento especial a my maravilloso agente de ICM, Kris Dahl.
También quisiera enviarles mis más sinceros agradecimientos,
desde el fondo de mi corazón, a todos los Scanners
que respondieron a mis cuestionarios, me contaron sus historias, y leyeron los
primeros borradores de estos capítulos (¡Y a los pocos que dieron un paso al
frente en un momento final de crisis para leer el último borrador!). No puedo
hacer una lista con todos sus nombres, pero probablemente se encontrarán a sí
mismos en alguna parte de las siguientes páginas (¡con los nombres modificados
para proteger a los inocentes!). Ha sido una gran alegría trabajar con personas
tan fascinantes.
¿Eres un Scanner?
“Nunca puedo apegarme a nada”
“Sé que debo enfocarme en sólo una cosa, ¿pero cuál?”
“Pierdo interés en las cosas que pensé me interesarían para
siempre”
“Siempre me voy por la tangente”
“Me aburro tan pronto sé cómo hacer algo”
“Continuamente cambio de parecer sobre lo que quiero hacer,
y termino no haciendo nada”
“Tengo trabajos mal pagados porque no me quiero comprometer
con nada”
“No quiero escoger una carrera porque puedo estar
equivocada”
“Creo que todos tenemos una misión en esta tierra; todos
menos yo”
“No puedo prestar atención a menos que esté haciendo varias
cosas a la vez”
“Dejo de hacer lo que estoy haciendo porque temo perderme de
algo mejor”
“Estoy muy ocupada, pero cuando consigo el tiempo no puedo
recordar lo que quería hacer”
“Nunca seré una experta en nada. Me siento siempre como en
una clase de nivelación”
Si alguna vez te has dicho a ti misma estas palabras, lo más
probable es que seas una Scanner,
tiene una manera muy especial de pensar. Al contrario de aquellas personas que
parecen conseguir un área de interés que les satisface, tus genes están conectados
de forma que muchísimas cosas te interesen, y esto es exactamente lo que has estado intentando hacer. Ya que tu
comportamiento es poco familiar –incluso turbulento- para quienes te rodean, te
han enseñado que estás haciendo algo mal, y debes cambiar. Pero lo que te han
dicho es un error- se han equivocado en el diagnóstico. Eres una criatura
completamente diferente.
Lo que has asumido como una incapacidad para ser dominada
por tu propia voluntad, es en realidad un don extraordinario. Eres la portadora
de un cerebro notable por sus múltiples talentos, en un mundo que no entiende
quién eres ni por qué te comportas en la manera que lo haces.
Y, a menos que sepas quién eres, ¡vas a concordar con ellos!
Eso no sería sólo injusto y errado, también podría impedir que desarrollaras
tus talentos e hicieras tu contribución al mundo. Las probabilidades son altas.
Identificarte con un Scanner
significa cambiar la manera de verte a ti mismo en el mundo. El primer paso es
entender que debes dejar de intentar encajar en la norma establecida ahora
mismo, y comenzar a aprender sobre quién eres tú en realidad. Para ayudarte a
construir ese futuro para el cual fuiste diseñada, necesitas una serie de
instrucciones. Es eso lo que he intentado crear en este libro.
Bienvenida a una nueva manera de verte a ti misma… ¡Y
felicitaciones! El jurado ha deliberado. No eres una aficionada ni eres
superficial, te han encontrado inocente en virtud de una identidad equivocada.
Ya ha acabado el juicio y eres libre para vivir la vida que estuviste deseando
todo ese tiempo.
Ahora toma un gran respiro y comencemos.
Prólogo
Debí haberme dado cuenta de que no era una estudiante normal
durante mi primera semana de clase, cuando le eché un vistazo a los horarios y
comencé a llorar.
Estaba compartiendo mesa con algunos amigos del
bachillerato, todos neófitos, en un oscuro bar de la avenida Telegraph, justo
afuera del famoso Sather Gate, la entrada al campus de la Universidad de California
en Berkeley. Éramos cinco chicas, todas con dieciocho años e intentando actuar
con tibieza al respecto de la gran jarra de cerveza que habíamos –legalmente-
comprado. Estudiantes de mayor edad ocupaban otras mesas, todos se veían
seguros de sí mismos, algo que nosotras posiblemente no podíamos hacer, aunque
todos compartíamos la misma actividad: hojeábamos los horarios de clase,
buscando las mejores para podernos inscribir antes que se llenaran.
¿Cuáles eran las mejores clases? Las que comenzaban tarde,
las de profesores permisivos, o las mismas donde tus amigos se enrolaran. Esas
eran grandes consideraciones.
Mis cuatro amigas se acurrucaron junto a mí y asimilaron el
horario, intentando compaginar nuestros cursos para podernos ayudar mutuamente
durante nuestro primer año en este nuevo planeta. Como todos aquellos que han
sido aceptados en la Universidad de California, éramos todas suficientemente
inteligentes, pero, según descubrí más tarde, mis amigas entendían bien cómo
estudiar –algo que yo, de alguna manera, nunca había aprendido. Por esta razón
ellas tenían una idea más clara de cuántas horas de trabajo serían necesarias
para cada clase que tomáramos. A diferencia de mi, ellas conocían personalmente
gente que había asistido a la universidad –a veces hermanos mayores o incluso
sus padres- y sabían de primera mano que esta etapa era mucho más difícil que
el liceo.
Mientras mis amigas revisaban el Horario –una pequeña
revista en formato de periódico que enlistaba en la letra más diminuta posible
dónde y cuándo se llevaban a cabo todos y cada uno de los cursos- yo leía un
libro que, en una letra más grande y una marcha más pacífica, describía el
contenido de todas las clases. En un Inglés fácil de entender, el libro
describía los tópicos a ser tratados y los libros que se leerían durante el
curso. No se parecía a nada que hubiera visto o imaginado antes. Podía sentir
como mi mandíbula caía por obra de la sorpresa mientras leía una página tras
otra.
Mis amigas estaban muy ocupadas hablando entre sí para darse
cuenta al principio.
-
¡No puedes inscribir Historia los martes a las
10, Mary Lee!- dijo una de ellas- Tienes
Sociología a esa hora.
-
¿Realmente tienen clases a las 8 de la mañana?
-
¿Por qué no inscribiste trigonometría en el
liceo? ¡Te dije que sería más fácil!
-
¿Por qué tenemos que inscribir Inglés para
Tontos? ¿Somos las únicas tontas aquí?
Todas rieron y voltearon para incluirme. Pero yo estaba en
otro mundo. Sin despegar mi vista del libro, comencé a hacer preguntas.
-
¿Qué es una ‘lectura cercana’?- pregunté- ¡¿Qué
es eso?! ¡Esto habla sobre una lectura
cercana a la literatura Rusa! ¿Qué significa?
-
No te preocupes, no tienes por qué inscribir
eso- dijo una de ellas- Vas a entrar en Inglés para Tontos con Sarah ¿cierto?
¿Lo quieres los Martes o los Jueves?
-
Oh, Dios- murmuré, pasando las páginas
aceleradamente- ¡Tienen Historia de la Música Occidental! ¿Van a tocar la
música o sólo a hablar de ella? ¿Cómo enseñas Historia de la Música? ¿Debes
saber leer música para entrar en esta clase? ¡Miren! ¡Antiguas Rutas de
Comercio en el Asia Central! ¡Miren! ¡Los Áureos Duraznos de Samarcanda! ¿Dónde
queda Samarcanda? ¡Quiero uno de esos duraznos! ¿O están hablando de una
pintura? ¿La Geología de la Historia? ¡La Geología de la Historia! Escuchen: El Himalaya emergió del antiguo mar de
Tethys; hoy en día, encontrado a casi 6 millas sobre el nivel del mar, se
encuentran conchas marinas fosilizadas de más de 20 millones de años de
antigüedad. ¡Voy a desmayarme! ¡Oh, Dios!
Había entrado en el universo del aprendizaje. Nunca antes me
había sucedido algo como esto; nada me había preparado para este catálogo de
descripción de cursos. Nunca había leído al respecto en novelas, y nadie nunca
lo había mencionado. No podía respirar.
-
Así es la Escuela de Artes Liberales- dijo
alguien mayor entre risas desde una mesa cercana, antes de volver a su libro,
meneando divertidamente su cabeza.
La Escuela de Artes Liberales. Amé cada palabra de esa
frase, aunque no estaba segura de su significado global. Muchos años después,
estando en una tienda de libros usados, la encontré de nuevo mencionada en
algunos libros que hablaban sobre el auge del aprendizaje en la Edad Media.
Descubrí que, mientras Europa renacía tras la Edad Oscura, los hijos de los
mismos bárbaros que habían conquistado Roma y casi destruido la alfabetización
(muchos de ellos monjes, soldados, senadores e incluso emperadores) estaban
enamorados del aprendizaje –locamente enamorados. Les atormentaba el deseo de
leer los pocos libros que existían, y pasaban sus vidas intentando juntar las
obras maestras perdidas de Grecia y Roma a partir de fragmentos citados en
libros secundarios.
Los entendía. Estaba segura de ello. Si hubiera sabido cómo,
yo también hubiese intentado convertirme en monje para dedicarme a copiar con
reverencia los manuscritos como ellos lo hacían, casi como una manera de rezar.
Decidí en ese momento que haría una copia a mano de cada libro que amara desde
ese día en adelante.
Afortunadamente, olvidé esa meta. Descubrí tantas cosas
maravillosas tras comenzar la universidad que cada resolución que tomaba
reemplazaba la que había tomado el día anterior, y en realidad nunca copié un
libro a mano, aunque amé muchos de ellos.
Pero en ese primer día leyendo el catálogo de cursos, esas
palabras me conmovieron como a cualquier bárbaro atormentado por penetrar una
librería medieval.
Mis amigas me estaban hablando, pero se me hacía difícil
prestarles atención.
Levanté mi cara para mirarlas, y había lágrimas manando de
mis ojos. Estaban sorprendidas y preocupadas.
-
¡No llores! ¿Cuál es el problema?
Pero no podía responderles.
-
¡No lo sé!- lloriqueé- ¡Estoy tan feliz de estar
aquí!
Lucían confundidas. Una de ellas pasó su brazo sobre mi
hombro.
-
.Eres una persona muy extraña, Bárbara- dijo con
gentileza- No puedes inscribir ninguna de esas clases. Debes tomar los mismos
cursos para principiantes que nosotras vamos a inscribir. Ahora vamos a
enseriarnos, no vaya a ser que raspes antes de inscribirte.
Después de mucha deliberación, cada una de mis amigas
inscribió 5 o 6 clases. Yo inscribí 10. Reprobé 5 de ellas y a duras penas pasé
las demás. La universidad realmente era mucho más difícil que el liceo y, para
ser honesta, no podía entender la necesidad de presentar exámenes. Para mí era
suficiente descubrir que había tantas cosas fascinantes para aprender.
Después de algunos años logré calmarme y aprender la rutina,
pero de vez en cuando, cuando un profesor decía algo lúcido e inesperado, algo
que no podría haber deducido yo misma ni en un millón de años, volvían a
llenarse mis ojos de lágrimas porque de hecho estaba aquí, en este universo
insospechado donde la gente aprendía sólo por el amor a aprender.
Estando en una librería, meses después del incidente en el
bar de Berkeley, encontré y adquirí un pequeño afiche, un grabado medieval en
madera que representaba a un hombre subido a una escalera inclinada sobre un
árbol, cubierto por un techo bajo y curvo. Su cabeza había atravesado el techo
y miraba hacia la noche estrellada con el rostro admirado. Aún conservo ese
afiche. Y aún hago de oyente en clases de cualquier universidad cada vez que
puedo. ¿En qué materias? No importa, mientras el profesor sea bueno. Todas son
interesantes.
Entonces ¿qué hice con mi esmerada educación universitaria?
¿De qué forma práctica utilicé el aprendizaje que había adquirido en los años
que siguieron? No hice nada. Sólo amaba aprender y quería continuar haciéndolo.
No conseguí un trabajo con esa educación, ni tampoco hice
nada práctico con las otras cosas que amaba. No escribí ni enseñé sobre lo que
había aprendido. Nunca gané un centavo derivado de ello. Mi familia pensó que
estaba loca, pero creo que, de igual manera, estaban orgullosos de mí.
Pienso que en algún momento sentí culpa al respecto. Me
refiero a que alguna poesía que escribí parecía prometedora, pero nunca “le
saqué provecho”, como dice la frase. Desde entonces he convertido en creencia
que no siempre se debe utilizar las cosas que amas, y a veces ser práctico no
es tan práctico. Ahora que he crecido me doy cuenta que todo ese delicioso
entusiasmo paga tanto como un título en ingeniería o medicina, porque hace que
recuerde cada día –cuando tomo un libro en las manos, o miro el canal de
ciencia o intento leer un mapa de Asia sin una razón en particular- que la vida
es fabulosa y uno puede maravillarse ante ella sin fin.
Me gusta pensar que en la oficina de inscripciones pensaron
que mi admiración por el aprendizaje era loable, pero después de algunos
semestres solicitaron que escogiera una carrera y cesara en mis intentos de
entrar en cada una de las clases listada en el catálogo.
-
¡Nunca te vas a graduar si sigues así!- me
advirtieron.
Pero, ¿por qué demonios querría alguien graduarse? ¿Sólo
para volver al mundo donde nadie decía nada y yo no podía descubrir las cosas
por mí misma? Estaba muy contenta con la perspectiva de continuar así para
siempre, y mis habilidades para estudiar estaban incluso mejorando. Mis padres
no se quejaban ya que me pagaba yo misma mis estudios. En esos días las
mensualidades costaban casi nada. El pago de la renta era barato. Mi trabajo de
dos horas en un restaurante de hamburguesas durante el tiempo de almuerzo
pagaba mis gastos con facilidad, y me mantenía agradablemente rellenita gracias
a la comida que el jefe permitía que nos lleváramos las meseras, además de
nuestro salario de 1 dólar por hora. Era un buen arreglo de sueldo.
Finalmente, escogí una carrera. Bueno, escogí dos. Primero
escogí matemática, porque me arecía lo más asombrosamente bello que alguien
podría aprender en este mundo. Pero se me hizo sumamente difícil aprender, y
simplemente no podía encontrar ni un rastro de esa inefable y celestial cosa
que intuía en ella.
Así que me rendí y escogí una más sencilla, antropología (en
la cual ya había sacado unas cuantas A), y, con algo de desencanto, tomé el
camino de calificaciones-graduación que todos los demás tomaban.
A lo largo de los años, cuando amigos o compañeros de
estudios preguntaban por qué estaba asistiendo a clases, nunca podía
explicarlo. Me sentía atrapada y un poco avergonzada. La opinión general era
que los “eternos estudiantes” como yo eran vagos o inmaduros, no eran capaces
de apretarse el cinturón, de hacer el “trabajo duro” requerido de la gente
seria. Entendí entonces que lo que se esperaba de mí era que estudiase algo que
me resultase útil a la larga, pero la sola idea de centrar mi enfoque y
enterrarme en sólo un campo de estudio era deprimente. Nunca lo consideré con
seriedad.
Y luego llegaron los años sesenta, y todo el mundo se relajó
un poco. Crecí, y dejé de explicar mis motivos a cualquiera –y asistí como
oyente a todas las clases que mi corazón deseara. También noté que estudiantes
de más edad aparecían. Supongo que, como yo, tampoco dejaban de disfrutar el
escuchar a esos profesores.
Adelantando muchos años, me había mudado a una fase
totalmente distinta de mi vida. Aún tenía mis libros, y aún me colaba en clases
cada vez que tenía la oportunidad, pero ahora era una madre soltera con niños
que criar, y necesitaba una carrera. Los cursos de posgrado estaban fuera del
panorama por una serie de razones –tiempo y dinero entre ellas- así que obtuve
el típico trabajo que podías encontrar con sólo una licenciatura a finales de
los sesenta: trabajar en programas de la Alcaldía para ayudar a personas de
bajos recursos, adictos a las drogas y ex presidiarios, y lo disfruté
enormemente. Eventualmente me hice una carrera a la medida gracias a algunas
habilidades naturales para tratar a las personas, la experiencia que tenía de
haber trabajado en el bar de mis padres, y mucha buena fortuna –me convertí en
escritora y en algo que después se llamó “Entrenadora de Vida”.
Como entrenadora, comencé a notar clientes aquí y allá que
me recordaban a mí misma tal y como era ese primer día en la universidad.
Amaban demasiadas cosas como para poder escoger una. No querían parar de
explorar, de probar, o de aprender, pero no dirigían su aprendizaje hacia una
meta. Muchas veces eran brillantes, muchos tenían talento para más de un área,
y les encantaba hablar sobre aquello que estaban haciendo en el momento. Era
gente interesante, con mucha energía, básicamente, gente feliz. Lo único que
les preocupaba era que tenían el mismo problema que yo adolecía en la
universidad: se les hacía imposible escoger una carrera.
Y es así como me fui dando cuenta de que nos comportábamos
de una manera distinta a la mayoría de las personas, quizá incluso estábamos diseñados de una manera distinta.
Comencé a leer sobre personas famosas a lo largo de la historia, como
Aristóteles y Goethe, da Vinci y Benjamín Franklin- personas cuyos intereses
también se dispersaban por varios campos- para intentar conseguir alguna pista
que me ayudara.
Averiguando en libros sobre sus diarios y cartas, noté algo
extraño: ¡Ninguna de estas personas se apesadumbraba por no poder mantenerse
enfocado en un solo campo! Revoloteaban de una materia de estudio a otra con
absoluta libertad, y no parecían sentir culpa alguna si dejaban algún proyecto
a medias (incluso cuando, como en el caso de Leonardo, habían sido remunerados
por ello). Ya que estamos, ninguno de ellos se conformó con una carrera, ni
tampoco se ponían a la defensiva o se disculpaban por ello. ¿Cómo hicieron eso?
¿Quién les dio permiso para meter las narices en cualquier cosa que les llamara
la atención?
La única respuesta que encontré fue la siguiente: En su
tiempo, nadie pensaba que había algo de malo en hacer de todo. No encontré
evidencia alguna de que le dijeran a Aristóteles que estaba mal interesarse en
tantas cosas. Franklin no estuvo a la defensiva, porque nadie le dijo que tenía
que defender un punto. Goethe no sentía culpabilidad alguna por escribir
novelas, y estudiar ciencias ópticas y hacer todo aquello que le provocara,
porque nadie lo criticaba por ello.
¡Fue una revelación!
No había manera de reproducir el tiempo y el espacio en el
que vivían, pero pensé que sería posible crear una comunidad flexible que
ofreciera apoyo a la vez que una sensación de pertenencia, así que me decidí a
ponernos un nombre: Scanners, porque
en lugar de sumergirse en las profundidades de un tema de interés, indagábamos
en el horizonte de nuestros intereses. Luego, en 1994, escribí sobre los Scanners en su total extensión en mi
libro titulado “Podría hacer lo que fuera, si sólo supiera qué hacer”, y esperé
a que saliera el libro. Deseé que pudiera hacer alguna diferencia.
Pero no esperaba el resultado.
Tan pronto como el libro estuvo publicado, comenzaron a
llegar las cartas. Al principio, eran algunos cientos de cartas. Diez años
después, su número creció hasta los miles, y seguían llegando. Casi todas las
cartas decían básicamente lo mismo: “¡Soy un Scanner! ¡Qué alivio! Pensé que tenía una discapacidad/estaba
tratando de sabotearme a mí mismo/ era vago/era superficial/carecía de
carácter, etc.”
Las personas que me escribían se sentían muy agradecidas por
haber sido descritos en términos positivos –casi siempre por vez primera.
Durante años habían batallado para entender por qué eran tan distintos de sus
conocidos. Habían pasado años de su vida confundidos y frustrados. Muchos de
ellos habían acudido a terapeutas en busca de ayuda pero no podían seguir el
programa que les asignaban para fijarse un rumbo y mantenerse en él. No podían
entender por qué eran incapaces de escoger la carrera correcta, y una y otra
vez describían el mismo patrón: cada carrera interesante que comenzaban se
convertía pronto en insoportablemente aburrida. O no habían intentado ninguna
porque, desde el inicio, no podían decidirse.
Los Scanners que
no andaban en busca de carreras tenían igual cantidad de problemas porque
tenían demasiadas posibles elecciones. ¿Deberían escribir, o viajar, o crear
arte, o comenzar con un micro emprendimiento? No querían escoger una sola área;
las querían todas. ¿Por qué no podían mantenerse interesados en algo por el
tiempo suficiente para acabarlo? Todo lo que sabían era que no podían hacerlo
bien, y con el paso del tiempo se convencieron de que estaban dañados de
fábrica.
Pero tan pronto se vieron descritos en mi libro, ¡se
encendieron las luces! Todo se veía distinto. Como escribió una persona: “No
podía definir quién era, así que siempre asumí que estaba haciendo algo mal.
Cuando leí sobre los Scanners, ¡supe
que no era cierto!”
Me pareció obvio que había tocado una tecla. Estaba
esparciendo la palabra, y los Scanners
comenzaban a despertar a la verdad de que no había nada malo en ellos. El saber
que su comportamiento era distinto –porque eran genéticamente distintos-
explicaba tantas cosas que fue inmediatamente aceptado. Fue un comienzo excelente.
Pero ¿y entonces? ¿Dónde te entrenas para vivir como un Scanner? ¿Cuál es la carrera lógica para
un Scanner? ¿Dónde están las marcas
de guía en el camino de llevar una buena vida sin tener que cambiarte a ti
mismo?
Escuela para Scanners
¿Dónde están las guías para los Scanners? Para ponerlo simple y llano (a menos que estén escondidas
en alguna parte que aún no descubro) no existen. Si tienes una especialidad
(por ejemplo geología o moda), existen carreras llamadas Geología y Diseño de
Modas para enseñarte, hay consejeros guías para ayudarte a tomar decisiones, y
hay reclutadores para contratarte. Hay organizaciones profesionales y libros y
sitios Web que te ayudan a desarrollarte como geólogo o diseñador de modas o
cualquier tipo de especialista que desees ser.
No hay nada de ese estilo para los Scanners. Si eres un Scanner,
seguramente tomaste algún test de habilidades sólo para descubrir que tuviste
alto puntaje en la mayoría de las categorías. Los consejeros de carrera no
están entrenados para manejar tales resultados. Probablemente hasta ahora el
mejor consejo que te han dado es “Puedes hacer cualquier cosa. Sólo escoge uno
de tus talentos y comienza”.
Ese era también el peor consejo.
Sería igual que te hubiesen dicho, “no podemos ayudarte”, porque
los Scanners no pueden elegir. Y
ahora estás aprendiendo algo que la mayoría de aquellos guías de carreras no
saben: no se supone que los Scanners elijan.
Hasta ahora estos hechos te han mantenido a la deriva: no
tienes guía ni asistencia en este asunto de manejar tus diversos talentos. No
hay una ruta académica que te entrene para utilizar de la mejor manera tu
irreprimible curiosidad, ni para dirigir tu rápida mente a una especialidad
multidireccional. En los negocios no existe ningún rumbo profesional ni títulos
de cargos para el Scanner de múltiples talentos que puede-hacer-de-todo (esas
personas a las que otros siempre recurren, y son valorados por ellos, aunque no
tengan una etiqueta que indique quiénes son en realidad). La existente presión
cultural para entrenar especialistas simplemente no está balanceada con algún
plan para entrenar generalistas (por ejemplo, Scanners).
Pero debes comenzar por algún lado. Reuní todas las técnicas
que he diseñado durante los años para ayudar a mis clientes Scanners, y también busqué más. Comencé
discusiones especiales en internet donde los Scanners pudiesen compartir sus experiencias y apoyarse mutuamente.
Comencé a ofrecer clases en llamadas por conferencia de forma regular, y diseñé
y facilité talleres dirigidos a Scanners.
Incluso aparecí en un especial televisado de una hora de duración para hablar
sobre el tema. Lo que deseaba más que otra cosa era compartir lo que había
aprendido con aquellos que lo necesitaban. Me convertí en una mujer con una
misión, lo que no era realmente mi estilo. Pero, con cartas como esta, ¿cómo
podía siquiera pensar en detenerme?
Debo comentarte lo emocionada que me sentí cuando leí tu descripción de
un Scanner. Es exactamente lo que soy, y ahora estoy trabajando para balancear mi
vida de tal manera que pueda expresarme totalmente.
Nunca me había dado “permiso” de NO buscar aquella ÚNICA profesión y
merodear alrededor de las cosas que amo. Estaba intentando conformarme con la
visión general de que hay un único camino, ¡y tenía que encontrarlo a los 18
años!
Pero comunicaste bien ese autorización, y has quitado un peso de mi
corazón, permitiéndome mirar las cosas que amo desde una perspectiva distinta,
con energías renovadas y, sobre todo, con una alegría que había estado asfixiada
por la culpa durante años.
¡Gracias! Ahora tengo un título para lo que antes veía como lastre.
Estoy mirando mi vida de una forma distinta, y no sólo me estoy
perdonando por ser una Scanner, ¡sino que lo estoy disfrutando!
Yo también me sentí atormentada durante años por no poder ser
“estable”. Ahora sé que sólo soy una verdadera Scanner, y soy más feliz cuando
puedo ser yo misma sin sufrir críticas.
Toda mi visión de vida ha cambiado- Gracias Bárbara, por tu consejo.
Así que me dediqué a construir un manual para ayudar a los
Scanners a sobrellevar los obstáculos, encontrar maneras de hacer sus ideas
florecer, y utilizar sus muchos talentos. En el proceso de escribir este libro
me hice a la tarea de encontrar y conocer tantos Scanners como pudiese, y ahora
he encontrado cientos de ellos. Son magníficos. Aman la vida, se emocionan con
las experiencias nuevas, y son las personas más interesantes que podrías
conocer. También son sumamente generosos y han compartido conmigo muchos tips y estrategias que han creado para
solventar los problemas de logística que acarrean sus múltiples intereses.
Incluso puedes haber desarrollado tus técnicas propias. Yo lo he hecho. Los
Scanners son intuitivos y disfrutan resolviendo problemas. Pero la razón
principal por la cual estas personas han tenido que diseñar sus propias
soluciones era la ignorancia de que existían otros Scanners como ellos; no
tenían a dónde ir por ayuda.
Creo que es por eso que los Scanners que conozco desbordan
historias y experiencias personales: han mantenido todo adentro durante mucho
tiempo. Hablaron de las heridas causadas por haber sido disminuidos, y la
frustración por no poder satisfacer las expectativas de sus familias, así como
la soledad por no ser comprendidos (ni comprenderse a sí mismos). Pero también
han hablado sobre su curiosidad, su amor por el descubrimiento, y su deleite
casi infantil al involucrarse en un gran proyecto. He incluido tantos extractos
de sus cartas como han cabido, sin embargo desearía incluirlas todas porque
resultarían inspiradoras, pero más que eso, pondrían una cara a otros Scanners
y proveerían compañía: ¿no te gustaría leer sobre Scanners que se encuentran
enseñando primaria y escribiendo música en Nepal, escribiendo libros o
destilando cerveza, trabajando en el teatro, conociendo líderes famosos en
Checoslovaquia, o tejiendo pueblos en miniatura para sus madres en los
entretiempos de tocar en su propia banda de rock- después del trabajo, por
supuesto.
Estas palabras podrían ser las primeras que has escuchado
provenir de otros Scanners. Puedes descubrirte exclamando: “¡Así soy yo!” Eso
espero, porque palabras afines como estas son las que los Scanners necesitan
para encontrar el rumbo a casa. En territorio familiar, puedes comenzar a
celebrar tu propia identidad y vivir la vida, sabrosa y plena, de la cual eres
capaz.
Este libro es una vuelta a casa en lo personal para mí
también. Es un hito que marca la compleción de un círculo en mi vida,
comenzando con la principiante universitaria que lloraba de alegría al conseguir
esas maravillosas materias en el catálogo hace tantos años, a la mujer madura
que lee y escribe y viaja y se divierte con sus docenas y docenas de intereses.
Y quizá sí le di un fin práctico a algo que aprendí en la universidad: descubrí
lo que es sentir deseos de querer aprender algo y no tener a nadie quien me
explicase cómo. En este libro utilizo esa experiencia para intentar entenderte
y ayudarte.
Este es mi mejor esfuerzo para un manual de usuario para
Scanners. En él, aprenderás quién eres y por qué siempre has sido tan diferente
de aquellos que te rodean. Descubrirás exactamente qué tipo de Scanner eres
–porque no todos los Scanners son iguales- y cuáles de los tips, herramientas, técnicas y patrones de diseño para la vida
encontrados en estas páginas son correctos para ti. Cuando acabes entenderás
qué es lo que te ha hecho distinta de aquellos quienes fácilmente encontraron
su rumbo en la vida, y aprenderás cómo sobrepasar los obstáculos que te han
detenido en el pasado. Finalmente, con tus brazos cargados de nuevas
herramientas, serás libre de hacer aquello para lo que naciste: saltar a la
acción y utilizar toda esa energía creativa dentro de ti para hacer el trabajo
extraordinario del que eres capaz.
Para un Scanner, es la mejor diversión en el mundo.
Los Scanners como tú siempre han caminado entre nosotros
pero, hasta ahora, pocos han descubierto que no son sólo una versión defectuosa
de todos los demás sino una versión distinta de ser humano. A mi modo de ver,
no te has descubierto hasta ahora. Será un honor para mí si resulto ser la
primera en ponerte un nombre. Lo que encontrarás aquí es un programa
completamente nuevo, el primero en su estilo. Es en parte rehabilitación para
deshacer los efectos de años de malos entendidos y restaurar tu golpeada
autoestima. Por otra parte es entrenamiento para que, como un piloto que
aprende a manejar un avión de alta velocidad, ensayes cómo utilizar las
aptitudes inusuales con las que naciste. Y, como los Scanners tienen que pagar
la renta como todos los demás, también es en parte ayuda de carrera –cómo
conseguir ese trabajo que no va a aburrirte, sino que te ayudará a mantener la
vida que deseas vivir.
Así que abre tu mente, arremángate la camisa, y vamos a
comenzar. No puedo esperar para ver lo que harás con ese hermoso cerebro tuyo
una vez que se abran las puertas y por fin puedas adoptar tu velocidad y
explorar este enorme mundo que tanto amas.
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